Ciudad

Teatro y Danza Off / Off Dance & Theatre

Teatro y Danza Off / Off Dance & Theatre

G 21 en acción

+ teatro en

13 Negro

Publicado 07-12-2016



(Texto creado a partir del protocolo de dramaturgia escrita Cuando estalló la bomba de José Sanchis Sinisterra)

 

ÉL: Cuando estalló la bomba venía de una mala racha, pero iba a cambiar mi suerte. Vale, si hablamos en sentido estricto llevaba casi once horas sin moverme de allí. Clavado en el taburete frente a la ruleta y sin intención de dejar de formar parte de aquel mobiliario. Tampoco es que tuviese ningún lugar al que ir. Qué coño, si soy sincero ya ni siquiera tenía un lugar del que venir. En lo que a mí respecta, mi dirección y código postal se reducían a aquel taburete. Ganaba un poco y perdía algo más. Eso era todo hasta que la bola se paró, justo un segundo antes de escuchar la explosión.

 

13 negro, ése era el número de mierda al que siempre apostaba. Nunca sale. Solo escuchaba el sonido monótono de la ruleta girando y el tac-tac de la bola saltando entre números rojos y negros. Tac-tac. Solo con lo que había en la mesa podía salir del bache. Tac-tac. Me dio tiempo a calcular qué haría. Cambiaría las fichas, pagaría a ese cabrón lo que le debía y empezaría de nuevo. Tac-tac. No volvería a cometer los mismos errores. Tac-tac. Les demostraría a todos que podía hacerlo. Tac-tac. Que había aprendido la lección. Tac-tac. Que no estaba perdido. Tac-tac. La bola está a punto de detenerse. Tac-tac. 13 negro. Bum. La bomba estalla cerca. La onda expansiva hace que la bola salga disparada y me entre por la frente; una bola de teflón de dos centímetros de diámetro rematada en blanco perla, que me abre un agujero justo entre los ojos. No, no se me escapa la ironía. Todo un golpe de suerte, ¿verdad?

 

(Escalofrío) Tengo los pies helados (Se percata de que está descalzo) ¿Dónde…? Lo que faltaba. A saber dónde estarán ahora mis zapatillas. Puta onda expansiva. Me los ha arrancado de cuajo. Joder, ni pantalones llevo. Madre mía, qué pintas. Por lo menos no soy el único… menudo percal… espero que nos tapen un poco antes de que lleguen las cámaras. Ya puestos me podría haber arrancado también la camisa… me van a encontrar descalzo, en gayumbos, con una camisa intacta llena de lamparones, esta mierda de barba de vagabundo y el pelo grasiento. Aunque eso igual lo puede disimular la sangre. Lo que seguro que no disimula son las uñas de los pies. Lo peor es darle la razón a mi madre. La de años que se pasó diciéndome que tenía que cuidar mi aspecto cada vez que salía a la calle. “No vayas a tener un accidente y te vean así”. Black Jack, mamá…

 

Oh, mierda, las recetas… ¡Que no fui a recogerle las medicinas a la farmacia! (Buscando infructuosamente en sus desaparecidos bolsillos) Y seguro que con todo esto habrán quedado convertidas en confetti. Pobre madre, lo que le faltaba. Si ya no era suficiente con tenerme de nuevo en casa a mis años, y encima para tener que mantenerme, ahora… Bueno, a lo mejor todo esto le viene bien. Por lo de la ayuda a las víctimas y todo eso. Quién sabe, si se lo monta bien incluso le va mejor que nunca: una entrevista para la tele, unas fotos en una revista…

 

(Canturrea “Me va, me va, me va la vida…” de Julio Iglesias) No me lo puedo creer, no se me va de la cabeza. Es por culpa del puñetero hilo musical. Yo esperaba Sinatra… o Tony Bennet… pero traes un casino americano a España y ¿qué te ponen? Julio Iglesias. (Pausa. Vuelve a canturrear) Joder, si es que no me lo quito de la cabeza. No me puedo creer que vaya a pasar la eternidad con este soniquete. (Pausa) Igual así es el infierno (Pausa).

 

¿Por hay gente que pone bombas? (Pausa) Checkpoints, autobuses, mercados, escuelas, salas de conciertos, comisarías, estadios, teatros, embajadas… casinos.

 

Siempre el mismo esquema:
Explosivo, metralla, detonador.
Explosión, ruido, confusión. 
Silencio, humo, ceniza.
Sirenas, gritos, cuerpos.
Reporteros, familias, políticos.
Homenajes, placas, monumentos.
Aniversarios, memoria… olvido.

 

Siempre el mismo resultado. Siempre el mismo sinsentido. ¿Por qué hay gente que pone bombas?

 

Seguro que quien más me va a echar de menos va a ser él. Pobrecito. No le dirán ni una palabra. Le cambiarán de casa y ¡hala! A vivir. Si al menos se quedase con mi madre… pero ya está mayor para cuidar a nadie… y menos a un perro. Tiene gracia, yo aquí preocupándome por ese chucho cuando lo más probable es que esté meándose en el sofá porque todavía no he ido a sacarle. ¿Se acordará de mí? Claro. Seguro que cada vez que lo saquen recordará los paseos que dábamos por el parque, o las veces que le tiré la pelota. Puede que ya esté en otra casa, con otro dueño, moviendo su estúpido rabo, babeándolo todo, llenándolo todo de pelo.

 

(Pausa. Suspira. Se arregla un poco el pelo, con la camisa tiene poco que hacer)

 

Datos de identificación de la víctima: Nombre, Ignacio. Apellidos, Calero del Moral. Sexo: Masculino. Fecha de nacimiento 13-8-1978. DNI: 7569890-J. Estado civil: Divorciado. Nacionalidad: española. Profesión o actividad: Desempleado. Circunstancias de la muerte… (Se frota pensativo la frente) 13 negro.

 

No más 13 negro.
No más llamadas a medianoche.
Apurar el fondo de la botella.
Aparcar el coche.
No más periódico del domingo.
Café en el bar.
Partido en la tele.
Páginas guarras.
Clases de inglés.
Productos en oferta.
Entrevistas de trabajo.
Colas del paro.
Paquetes vacacionales.
Exámenes de ingreso.
No más tac-tac.
No más esperar que todo cambie.
Que la bola caiga.
Que esta vez sea la correcta.
No más.
No más.
No más 13 negro.

 

 





Entradas recientes

QY Bazo


Tras las siglas QY se esconden Quique y Yeray Bazo, dos hermanos canarios que llegaron a esto del teatro casi por casualidad. Y menos mal que llegaron. Desde entonces, títulos como Archipiélago dron, Nada que perder (escrita junto a Juanma Romero Gárriz y estrenada en la sala Cuarta Pared con dirección de Javier G. Yagüe) y Tres días sin Charlie (estrenada en el último Fringe) los han consolidado como voces ya imprescindibles de la nueva dramaturgia española.