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¿Te acuerdas?

Publicado 07-10-2016



La pareja está en la cama, semidesnudos, abrazándose. Muy cariñosos. Él le está abrazando por la espalda. Ella se gira, le sonríe y le guiña... Él ya sabe que eso significa que va a empezar a jugar.

 

ELLA- (Le empieza a hacer cosquillas.) ¿Te acuerdas de que yo estaba terminando de fregar los platos, y entonces tú has llegado...?

ÉL- (Retorciéndose en la cama de la risa, intenta zafarse.) ¿Te acuerdas de que has sido tú la que me ha acariciado?

ELLA- No, no, no... ¿Te acuerdas de que me has cerrado el grifo?

ÉL- Será hija de puta... ¿Te acuerdas de que me estabas tirando agua, de la que salía del grifo?

ELLA- Claro, para que te fueras. ¿Te acuerdas de que me faltaban todavía todos los cubiertos?

ÉL- Dos tenedores y dos cuchillos. (Irónico.) A lo mejor ahora no te da tiempo... (Se zafa y se parapeta tras la almohada.) ¿Te acuerdas de que había cocinado yo, te acuerdas, te acuerdas?

ELLA- (Intentando saltar la barricada.) ¿Me tengo que acordar de eso?

ÉL- ¿No te acuerdas de que he hecho pasta? ¿No te acuerdas de que te he hecho pasta?

ELLA- ¿Te acuerdas de que yo he bajado hoy a la compra, hoy, que hoy yo no tenía que bajar a la compra?

ÉL- ¿Quién ha dicho que hoy no tenías que bajar...?

ELLA- Un momento... (Agarrándose a la almohada: empieza a empujar hacia él, con el objetivo de tumbarle.) ¿Yo, que no tenía que bajar hoy a la compra, que no me tocaba, y he sido yo precisamente la que ha comprado la pasta que tú has cocinado después, y no solo la pasta, sino todas las cebollas, ajos, tomates, carne picada, pimientos verdes, zanahorias y demás que llevaba la pasta?

ÉL- ¿Hay más? (Ella niega.) ¿Y quién ha dicho que hoy no te tocaba a ti bajar a la compra?

ELLA- ¿Hay que decir cuándo tengo que ir yo a la compra o cuándo tienes que ir tú a la compra? ¿Es realmente necesario decirlo?

ÉL- (Él, en un gesto atlético y eficaz, se deshace de la almohada y vuelve a abrazarla.) ¿Y por qué no puede decirse?

ELLA- (Un poco incómoda por el bloqueo.) ¿Te acuerdas de que dentro de un rato tengo que volver a estudiar?

ÉL- ¿Y por qué tienes que volver a ponerte a estudiar? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

ELLA- No me lo puedo creer... ¿Por qué no te pones a jugar a la Play?

ÉL- ¿Desde cuándo tenemos una Play?

ELLA- Bueno, pues ¿cuándo vamos a comprar una? ¿Cuándo? ¿Cuándo? ¿Cuándo?

ÉL- ¿Desde cuándo me gusta la Play?

ELLA- ¿Podrías definirme qué es para ti la Play?

 

Pausa. Él le besa despacio por la nuca. Ella intenta, suavemente, pararlo.

 

ÉL- ¿Te ha gustado?

 

Pausa.

 

ELLA- ¿El qué?

 

Pausa.

 

ÉL- ¿El qué? ¿Qué va a ser?

 

Pausa.

 

ELLA- ¿Puedes explicarte?

 

Pausa. Él toma fuerzas. Empieza el baile.

 

ÉL- ¿Te ha gustado? ¿Has disfrutado? ¿Has volado por el cielo, has contado las estrellas, se te ha contraído el útero varias decenas de veces, o quizá docenas, o algunos millares de pequeños espasmos te han recorrido dorsalmente hasta que tu conocimiento se halle desvaído por un tiempo tan indeterminado como imprescindible, ese momento imposible de interrumpir, ese momento, ese, ese, ese... lo has sentido? ¿Te has licuado?

ELLA- ¿Tú no te das cuenta de eso? ¿Realmente es necesario explicártelo? ¿O explicarlo?

ÉL- No lo sé. ¿Tú lo sabes?

ELLA- ¿Por qué me cuestionas?

ÉL- ¿Por qué te lo tomas todo así?

ELLA- ¿Y tú, has navegado por tu torrente sanguíneo? ¿Has expulsado todas tus metáforas blanquecinas y levemente viscosas, de un sabor oscilante entre lo ácido y lo dulce? ¿Has deseado, aunque solo fuera por un nanosegundo o por medio nanosegundo, tener alas y extenderlas alrededor de otra entidad cálida mientras temblequeas irremediablemente?

ÉL- ¿Acaso puedo ocultarme? ¿Crees que me resultaría fácil esconderme detrás de mis respiraciones o de un sudor incrustado?

ELLA- ¿Es posible que yo me diluya, te pregunto, es posible que me diluya entre mis propios pliegues sin que una piel insoslayable constate mi presencia?

ÉL- ¿Somos lo mismo y lo único, entonces? ¿Hemos de medirnos indefectiblemente iguales?

ELLA- ¿Consideras otra manera posible?

ÉL- ¿Quieres decirme que te parecen idénticos tus bamboleos a los míos? ¿No hayas más verdad en la evidencia, única, ancestralmente avalada, de mis sentimientos? ¿O, si no más verdad, menos suspicacia?

ELLA- ¿Osas cuestionar mi cabellera retozando voluntariamente entre cualquiera de tus filtraciones? ¿O el agotamiento de mis falanges? ¿O mis propias metáforas?

ÉL- ¿No te parezco ni mínimamente razonable?

ELLA- ¿Me estás llamando mentirosa?

ÉL- ¿Por qué no me contestas?

 

Vuelven a estar abrazados. Pausa.

 

ELLA- ¿Te importa levantar un poco el brazo?

ÉL- ¿Mejor así?

ELLA- ¿Tú estás cómodo?

ÉL- ¿Podría estar mejor en algún otro sitio?

 

Pausa. Ella está contrariada. Vuelven a bailar.

 

ELLA- ¿Por qué me haces siempre lo mismo?

ÉL- ¿A qué te refieres?

ELLA- ¿Por qué tiznas nuestras mieles con lamentos, me arruinas lo que tanto hemos narrado, ya ni siento ni abrazo ni padezco, apenas me almohadillo y casi fin?

ÉL- ¿No sabes que por dentro yo tirito, regreso medio nulo a tu regazo, primate, aspaventoso, calcetín?

ELLA- ¿Calcetín?

 

Ríen. Pausa.

 

ELLA- ¿Estará ya la lavadora?

 

ÉL- ¿No tenías que ponerla tú?

ELLA- ¿No quedamos en que yo bajaba a comprar lo de la pasta mientras tú ponías la lavadora?

ÉL- (Bailando.) ¿No quedamos en que yo haría que te sintieras viva?

ELLA- (Sin bailar.) Necesitaba esa falda para mañana, joder...

ÉL- ¿Te acuerdas de que en la hoja de ruta, yo me encargaba del paisaje? ¿De que nunca habría nubes, porque no te gustan los cumulonimbos?

ELLA- Si la pongo ahora, igual le da tiempo...

ÉL- ¿Te acuerdas de la oxitocina, de todas las hojas que nunca han caído de ninguno de los árboles que simplemente hemos esbozado? ¿Te acuerdas de lanzar tus cenizas y las mías?

ELLA- Ahora no...

ÉL- ¿Cuánto hace que no te limpias la cerilla de los oídos? ¿Hay alguna pista que me indique cómo se encuentran tus sinapsis? ¿Has visto lo simpáticos que se ponen mis bíceps cuando te huelen? ¿Apagas tú los terremotos internacionales o los apago yo? (Pausa.) ¿Ya no quieres acordarte de lo que va a suceder?

ELLA- Lo que va a suceder es que como no consiga mañana ese trabajo, no podremos seguir pagando...

 

Pausa. Suena el llanto de un bebé.

 

ÉL- ¿Te acuerdas de que siempre me querrás? ¿De que hace mil segundos solo uno? ¿De pasta, miedo, estrellas, aguarrás?

ELLA- Desde hace dos segundos, solo uno, te quiero, pero ya no puedo más.





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Pilar G. Almansa


Pilar G. Almansa es dramaturga, directora y docente. Sus últimos estrenos han sido Pacto de Estado y Banqueros Vs. Zombies como autora y directora, y Lucientes como co-dramaturga. Viene impartiendo un laboratorio de creación (en la sala Nave 73) en el que aplica el método científico a la experiencia escénica. En noviembre fue ponente en la IV International Theatre Conference de Bakú (Azerbaiyán).