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Teatro y Danza Off / Off Dance & Theatre

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Crítica / Nada que perder

Un ejercicio teatral brutal, intenso, divertido, punzante... con mucho que ganar como espectador

Cuarta Pared

Por Álvaro Vicente

 

Hay obras que explican como ninguna otra el mundo en que vivimos, no el mundo así en general, atemporalmente, no, el mundo de aquí y de ahora, el mundo en el que David es un pequeño ser honesto enfrentado a un Goliat hecho de la suma de las mezquindades, ruindades, indignidades e hipocresías que nadie asume pero todos critican. Lo nuevo de la compañía de la sala Cuarta Pared (que se ha reestrenado con esta nueva temporada tras el éxito cosechado en la anterior) está a la altura, con toda su economía de medios a cuestas, de las expectativas que pueden ponerse sobre una gente que fue capaz de alumbrar la histórica Trilogía de la Juventud o la fábula rabiosa Rebeldías posibles.

 

En Nada que perder se valen de los mimbres del género negro y de la funesta manía que tiene el hombre de preguntar para saber más y comprender mejor. Pero sobre todo se vale de un trío actoral magnífico (Marina Herranz, Javier Pérez-Acebrón y Pedro Ángel Roca), de una dirección ajustada (de Javier G. Yagüe) y de unos textos (de QY Bazo, Juanma Romero Gárriz y el propio director) que combinan con maestría el diálogo de calle con la máxima filosófica y la olla de los metadatos, esos a los que miran los servicios de documentación cuando se quiere complementar la exposición de una idea. Y así en ocho escenas de a dos, aparejadas con ese genial hallazgo pepitogrillesco del tercer personaje que, ora hada madrina, ora diablo de la verdad, orbita las acciones, las completa, las enfoca, las alfombra, las subraya, las hace explotar por los aires, las redondea. Y todo a base de preguntas, preguntas, preguntas. Y todo para que los que estamos al otro lado, en las butacas, atemos cabos y encontremos conclusiones propias para este sindiós que asola España (nuestro mundo) llamado corrupción. Es un ejercicio teatral brutal, intenso, divertido, punzante, pero sobre todo es una terapia grupal para sacar a flote toda la mierda que no nos deja avanzar como sociedad.



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