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Entrevista

Juanje de los Ríos y Aldara Molero nos hablan de... 'Cuidados'

“El tema del cuidado a los demás no está en el centro del debate político, no se aborda”

 

Por Sergio Díaz

 

Aldara Molero es (junto a Camino Ventura) la fundadora de Producciones Bernardas, la compañía teatral que escenifica Cuidados, una obra escrita y dirigida por Juanje de los Ríos que podremos ver del 1 al 3 de junio en Cuarta Pared. Hablamos con ambos de este interesante proyecto, que protagonizan la propia Aldara junto a Cris Canudas e Irene Serrano.

 

-No hay muchas obras que aborden este tema y es algo con lo que vivimos todos. ¿Por qué Cuidados?
El tema de los cuidados parece comenzar a estar en boca de todos y en un principio nos pareció un tema muy interesante para tratar bajo un prisma teatral, pero según íbamos acercándonos a él nos fue sorprendiendo, a mi en concreto, hasta qué punto es un tema capital no solo ya a un nivel político o social, no solo ya global, si no prácticamente a nivel civilización. Es muy interesante cuando un proceso de escritura o de dirección te cambia (un ochenta por ciento lo hacen en algún nivel) pero en este caso ha sido brutal, ha sido como ver el mundo, el personal, desde otra lente completamente diferente.

 


-¿Qué referencias has tomado para crear el texto, Juanje? ¿Referencias familiares, profesionales...?
Hemos realizado un proceso de documentación bastante arduo al mismo tiempo que realizábamos un taller laboratorio con mujeres vinculadas al cuidado, empleadas del hogar, amas de casa... básicamente nos hemos empapado del tema para escribir una ficción desde cero. Hay resonancias o similitudes con las mujeres del laboratorio, pero no es un documental. Nos gusta sentir, porque nos lo dicen, que se ven reflejadas en la obra sin llegar a contar literalmente sus vidas. Y por supuesto que también hay personal en el cocido, pero se evita hasta que es inevitable. En este caso era más interesante narrar la vida de otras.

 

 

-Cuidar es una responsabilidad que la sociedad deja en manos de las mujeres, algo que limita su propia vida, su independencia... ¿Era una de las cuestiones que queríais abordar?
Era la cuestión. Como dice siempre Amaia Perez Orozco, los cuidados no están situados en el centro de la sociedad y estos para colmo, han recaído de manera impuesta e injusta exclusivamente sobre las mujeres. Lo interesante del tema es que no solo ha limitado a las mujeres, nos limita a todos y todas. En el caso de la mujer, los cuidados han sido una forma de cadenas. Y si le vas sumando a mujer, migrante, pobre, etcétera te encuentras con un problemática clave en nuestro mundo.

 

 

-Lo arquetípico hubiera sido ver a tres mujeres en escena de cierta edad. Que la obra la representen mujeres más jóvenes (con nuestras prisas, nuestro individualismo actual) ¿hace que sea más directa, más cercana, para que el mensaje llegue a más gente?
Es una cuestión quizá más práctica que otra cosa. Queríamos trabajar con Cris Canudas y con Irene Serrano, las conocíamos bien y admirábamos mucho su trabajo. En el teatro en el que nos movemos tienes que rodearte de gente que vaya a estar metida en el pastel con todo, con un nivel de implicación digno del tema abordado. Es un equipo con el que nos sentimos cómodos.

 

 

-¿Creéis que hay diferencias notables entre cómo vemos y sentimos esta parcela de la vida de cuidar a alguien la generación que estamos cerca de los 40 a cómo lo sentían nuestras madres y abuelas?
Juanje: Completamente. Y ese es, en mi opinión, uno de los síntomas de la enfermedad. Crecemos, sobre todo los hombres, con una descarga de responsabilidad brutal en este campo y eso nos convierte en un especie de niñatos crónicos, insensibles e irresponsables. Lo divertido y paradójico del tema es que cuanto mayor te haces, si no entiendes lo capital de los cuidados hacia ti mismo y hacia los demás, más sufres. Para mí, el secreto de la felicidad está en el cuidado tanto propio como ajeno. No sé si antes del proceso de la obra te hubiera dicho esto. Quizá te hubiera dicho algo arquetípico rollo “perseguir tus sueños”. Este es un tema que cuando te entra por la piel, te entra. Y eso nuestras abuelas lo tenían muy clarito.

 

 

-¿Al ser la obra un reflejo de la sociedad que vivimos, la forma en la que encaramos el cuidado hacia los demás nos define como una sociedad más egoísta ahora?
No se si más, hemos sido siempre bastante asquerositos, pero desde luego egoísta es un adjetivo que creo que nos define. Creo que la clave está en lo que ponemos en el centro y ahora, quizá gracias a que sabemos más lo que ocurre, está clarísimo que en el centro no está el cuidado. Pero lo que más une es la tragedia y el horror, y sospecho que vamos a tener bastante ración de ambos en el futuro cercano, por tanto prefiero pensar en cómo ser en el futuro, de eso sí podemos hablar, ahí sí que podemos cambiar cosas. Creo que el cambio, como se suele decir, empieza en uno mismo, y en el día a día todos tenemos muchísimo que hacer.

 

 

-No sé si otra de las premisas era hablar de cómo esta sociedad no reconoce en su justa medida a aquellas trabajadoras que hacen la vida más sencilla a personas que ya no pueden valerse por sí mismas (reflejado en el personaje de Mara), desde las instituciones y su Ley de Dependencia, hasta cualquiera de nosotros, que no ponemos esos trabajos en valor (y no sólo a nivel profesional)
Totalmente. Durante el proceso surgía con asiduidad la imagen de la superheroína cuando pensábamos en la imagen de la cuidadora. Yo siempre pienso que la sociedad funciona por que hay una persona de cada mil que lo va haciendo todo y el resto estamos en medio. Pues de cada diez creo que nueve son mujeres y todas cuidadoras. Mientras Estado, empresas y demás están peleándose como niñatos de instituto a la salida por ver quién se come la tarta. No hay más que escuchar a casi cualquier político un ratín para darse cuenta de que los cuidados no están en el centro del debate. Es más importante cuestiones superfluas a que si hay camas en los pasillos de los hospitales, o la pobreza infantil… Por cierto, que nos hayamos acostumbrado al término pobreza infantil no deja de alucinarme.

 


-¿Qué ha supuesto para la creación de la obra trabajar como compañía residente en el Teatro de El Bosque?
Pues ha significado recursos y en el caso del Teatro del Bosque cariño y sí, cuidado. Yo me voy a tatuar en la frente la palabra recursos, para verla todas las mañanas y salir a buscarlos. Cuando hay recursos y cuidado, salen las cosas. Estamos muy agradecidos a todas las personas que nos han ayudado en este proceso.

 


-¿Estrenáis en casa, no? Supongo que os resultará más fácil la puesta en escena en un lugar que conocéis tan bien... y que imagino habrá marcado vuestra forma de hacer teatro (la de ambos).
Es un placer jugar en casa. Después de unos añitos pateando teatros por España yo siempre digo que Cuarta es la mejor sala. Tiene algo especial. Estar programados es un poco como cerrar el ciclo. Además es un placer porque varios de los miembros del equipo estudiamos aquí.

 


-Aldara, es vuestro cuarto montaje como compañía. He visto todas vuestras producciones y el denominador común, tal como lo siento yo, es ese realismo cotidiano que conmueve, pero sin artificios, y que llega muy adentro de los espectadores (incidiendo en la pregunta anterior y salvando las distancias, un teatro de ‘Cuarta Pared’ muy de Trilogía de la Juventud)  ¿Esa es la línea teatral que buscabais al comenzar?
Indudablemente mi formación en Cuarta Pared ha influido en la manera que tengo de concebir el teatro y en la manera de crearlo pero también yo me he ido encontrando como creadora. El denominador común, como bien dices, es ese 'algo' cotidiano que me conmueve y me ronda hasta que consigo expresarlo en palabras o en imágenes. Soy una persona muy curiosa, me encanta observar situaciones y personas, así que imagino que de ahí esa traslación del realismo de la vida a escena. Una vez leí una frase que me dejó marcada: "Cualquier vida, vista como una gran obra, conmovería al mundo”. Madrid para eso es maravilloso, yo me cruzo con situaciones cotidianas que pienso: “ojalá hubiera escrito yo eso”. Al final una trabaja con aquello que le conmueve.

 

 

-¿Cómo abordáis los procesos de creación en Producciones Bernardas (alguien llega con un texto escrito sobre el que trabajar o partís de un trabajo colectivo previo y se trabaja a partir de ahí? Porque normalmente los textos eran tuyos, Aldara. Ahora es Juanje el que escribe...
Producciones Bernardas somos Camino Ventura y yo pero siempre hemos contado con profesionales (Juanje de los Ríos es un colaborador fijo en nuestros proyectos) así que cada proyecto ha sido diferente y los roles entre las personas del equipo y los colaboradores han variado cada vez. Eso nos ha permitido encontrar nuevos lugares desde la creación y definir en cada proyecto qué era lo que ese montaje necesitaba, pero si algo tienen en común todos nuestros proyectos es que los actores y actrices que han formado parte de ellos han sido claves para la creación de la obra. En Producciones Bernardas somos muy jugonas, yo siempre he dicho que antes de ser directora, soy actriz y como actriz me gusta jugar y perderme antes de tener todo claro. No me gusta empezar un proyecto sabiendo exactamente cómo va a ser (si ya sabemos cómo lo vamos a hacer, ¿para qué hacerlo?), así que imagino que el juego y el elenco actoral han sido y son dos elementos clave en estos cinco años. Todos nuestros montajes han empezado con un laboratorio de investigación donde hemos volcado todo antes de ordenarlo y limpiarlo.

 


-La Mina era algo muy personal tuyo, Aldara. ¿Cuidados viene a ser La Mina de Juanje? (en el sentido de abordar un tema personal que toca muy de cerca).
La Mina es un montaje que me toca de lleno como hija y nieta de mineros que soy y Cuidados nos ha permitido entrar en tu tema que 'parecía' no nos tocaba de lleno. Qué ingenuos. Ahora pienso, ¿cómo no hemos hablado antes de un tema tan importante? Para mí, uno de los regalos de esta profesión es conseguir que todo el equipo sienta el tema como suyo, creo que es vital pringarse (no sólo como actriz) si no como persona en aquello que vas a contar. No concibo el teatro si no es con ese compromiso. La Mina partió de una necesidad propia de ser un altavoz a unas historias que no pueden ser olvidadas y para hacer llegar al equipo esa necesidad nos fuimos a hablar con aquellas personas, a que nos enseñaran el tajo, a mirarles a los ojos y empaparnos de aquello que queríamos contar después. Con Cuidados hemos tenido la suerte de hacer lo mismo, de empaparnos y jugar con mujeres que tienen que ver con los cuidados (si es que alguna no tiene que ver con ese tema) y quiero pensar que eso se nota después en la escena.

 

 

-Es curioso que vuestro anterior montaje, La mina, es una obra escrita por una mujer, que habla mayoritariamente de hombres. Y esta Cuidados, aborda temas que la sociedad suele dejar en manos femeninas y está escrita por un hombre

Es algo que hemos hablado. Una mujer dirige a cuatro hombres y luego un hombre dirige a tres mujeres. Lo importante es saber cual es el lugar de cada uno, quien desempata cuando todos quieren opinar y tener eso muy muy en cuenta. Yo disfruto mucho dirigiendo pero también disfruto mucho cuando me dirigen. Es necesario que cada uno de nosotros sepa cual es el lugar que le corresponde en el proyecto y desde ahí dar lo mejor de si. Luego está el machismo inherente de esta sociedad, donde no es lo mismo si el director es un hombre que si es una mujer. Yo siempre entro al teatro con mis técnicos y rara es la vez que no se sorprenden de que yo sea la directora... entran ganas de decir “sí, yo, en mi treintena y con mi 1,60 voy a dirigir a todos estos tiarrones, ¿Todo bien?"
 



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